Todos hemos tenido días de sentirnos la última papa frita del paquete (toda rota y llena de sal) y otros en los que juramos que si caminamos por la calle, el tráfico se detiene solo para vernos pasar. ¿Eres de los que piden perdón hasta por existir o de los que creen que el mundo es su pasarela personal?
Es hora de dejar de mentirle al espejo y descubrir si tu amor propio está por las nubes o si necesita un abrazo urgente y, por qué no, terapia.

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